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Flotantes de superficie

Tienen una pala pequeña y colocada casi de forma vertical (a veces doblada formando un ángulo casi recto). Al recoger línea no se sumergen más allá de un metro o metro y medio.

Con ellos debemos explorar las aguas con tranquilidad, lanzando cerca de las orillas, entre los recovecos de las rocas, o haciéndoles pasar sobre las plantas acuáticas y las ramas de los pequeños árboles y arbustos sumergidos por las aguas del embalse.

Aunque se pueda hacer, no conviene con estos señuelos limitarse a recoger de forma mecánica: variar la velocidad de recogida buscando la más efectiva en cada momento; dar tirones irregulares y moviendo la caña a uno y otro lado para imitar la natación de un pez herido; alternar movimientos con pausas más o menos largas... En suma: explorar para conocer su rango de acciones nos permitirá, a la larga, obtener en todo momento los mejores resultados.

Un tipo de señuelo artificial habitualmente de superficie y muy útil, especialmente cuando los peces parecen mostrarse perezosos o cuando las aguas están ligeramente turbias, son los señuelos artificiales articulados: su cuerpo partido les permite moverse coleteando de un modo brusco, como presos de un ataque de pánico. Eso puede excitar a un pavón apático despertando su instinto de caza; además genera vibraciones de baja frecuencia, perceptibles por la línea lateral de los peces a bastante distancia.

 

Flotantes de medias aguas

Tienen la pala de mayor tamaño y colocada de forma casi horizontal. Eso les permite descender hasta unos tres metros de profundidad, no podemos dejar de incluirlos en nuestra caja de señuelos.

Hay que tener claro que la profundidad máxima a la que puede descender un pez artificial flotante se alcanza sólo si lanzamos lo bastante lejos y recogemos con suficiente rapidez, con la caña baja (la punta incluso sumergida en el agua) y que la alcanzará con más facilidad cuanto más fina sea la línea utilizada.

Al tener la pala a modo de una prolongación horizontal del cuerpo, y sumergirse en un ángulo bastante vertical, estos señuelos son magníficos para "rascar" los fondos. La táctica más usual es recoger muy deprisa hasta que la pala choque contra el fondo (obviamente para que esto pueda ocurrir no puede haber más de tres metros de agua en el punto que estamos explorando), y después ir recuperando línea algo más lentamente, pero de forma que los toques en el fondo sean casi constantes.

Como llevamos la línea tensa, cada choque del señuelo será perfectamente percibido, y si tenemos algo de experiencia sabremos, por el tipo de vibración que transmite la línea, si hemos chocado contra una piedra, arena, grava, una rama, algas... o el duro paladar de un pavón que no ha podido resistir la tentación.

Para evitar en lo posible los enganches de los anzuelos con los obstáculos sumergidos una solución es, en los lugares donde ese problema se presente con frecuencia, cortar el gancho delantero de cada uno de los dos anzuelos triples de los que los señuelos artificiales suelen venir provistos. Si nos parece que eso merma las probabilidades de capturar un buen pavón (lo que sin duda es cierto, aunque no en un grado demasiado alto), entonces la única solución para no dejar una pequeña fortuna bajo las aguas es utilizar un recuperador de señuelos (lo que algunos llaman "perro" por ser el encargado de seguir el "rastro de la línea" para buscar las "piezas de caza" perdidas). Un recuperador consiste básicamente en un aro pesado (a veces provisto de fuertes anzuelos, otras veces con púas en su interior) unido a un cabo fuerte; el aro, que dispone de una abertura, se introduce en la línea y se deja deslizar por ella hasta alcanzar el señuelo; una vez allí se intenta enganchar el señuelo y se tira para recuperarlo.

Flotantes de aguas profundas

Especialmente útiles cuando intentamos sacar todo el partido a uno de estos señuelos artificiales, inconfundibles por la larga pala que prolonga en un plano horizontal su habitualmente rechoncha silueta.

Esa gran longitud de la pala permite utilizarlos entre espesas malezas sin que el riesgo de enganches sea excesivo, aunque de vez en cuando serán inevitables. El método para que eso ocurra lo menos posible es tener claro cómo el señuelo se mueve bajo el agua, con la pala apuntando hacia abajo, y recordar que cuando dejamos de enrollar línea el señuelo artificial ascenderá verticalmente. Un error bastante habitual en principiantes es dejar tranquilo el carrete y levantar la punta de la caña cuando la pala choca contra un obstáculo: eso hace que el señuelo artificial se coloque en posición horizontal y aumenta el riesgo de que los anzuelos hagan presa en algún objeto sumergido. Hay que mantener la caña baja y seguir accionando la manivela del carrete para que el señuelo supere la barrera poco a poco, topándola con el babero mientras se mantienen los anzuelos en alto. Si no es ya posible seguir adelante (no es cuestión de meter el señuelo artificial en lo más espeso del ramaje de un árbol sumergido) hay que dejar la línea suelta y permitir que el señuelo ascienda verticalmente (algunos modelos incluso retroceden un poco cuando sólo actúa sobre ellos el empuje del agua).

Si el enganche a pesar de todo acontece, no hay que perder la calma: nada de dar tirones que clavarían con más fuerza los anzuelos; antes de intentarlo con el recuperador de señuelos probemos a destensar por un momento la línea, retomándola después con firmeza pero sin brusquedades al tiempo que apuntamos con la caña hacia abajo y la movemos a uno y otro lado.

Cuando queramos que el señuelo ascienda no hay que acompañarle con la caña, levantando la puntera, pues eso podría tensar la línea e impediría que su ascensión fuera todo lo vertical que es conveniente.

En muchos casos escarbar con la pala del señuelo en el fango será la clave para desatar el ataque de un depredador, que puede confundirlo con un pececillo que busca alimento, o que intenta encontrar un refugio entre las piedras del fondo. Aquí tenemos un ejemplo de la casa Rapala.

Hay que advertir que aunque los llamemos "de aguas profundas" su capacidad para sumergirse no es ilimitada: realmente es difícil, ni aún utilizando líneas muy finas y carretes muy rápidos, lograr que desciendan más allá de los cinco metros, ni aún tratándose de modelos diseñados para alcanzar teóricamente mayores profundidades.

                                                                                            

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